Cierra los ojos.

Después de tantas despedidas sigo teniendo miedo cada vez que se acerca la siguiente. Sigo esperándote cada vez que mi cuerpo se siente vacío por dentro. No he conseguido conocer a nadie que me quite esta sensación de vértigo.  Quiero poder volver a sonreír como si la vida no doliese. Aún tengo la esperanza de comprobar que si existen los finales felices, pero me desespero en las noches de insomnio aunque escuche a Sabina.

Escribo cuando duermo pocas horas, bebo intentando no pensarte aunque eso me hace recordarte y aún sigue sonando la alarma que me grita: Huye de aquí. Y empiezo a pensar que quizás hay lagrimas que no he aprendido a derramar.

Subo el volumen e intento pensar que mañana todo irá mejor. Pero no. Todo sigue igual.  Sigo disimulando que tu disparo no dolió, pero me estoy desangrando por dentro. Lo más cerca que estuve de superarte, me atraganté con tu recuerdo.

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M-

Aunque hoy no sea un día especial, ni mucho menos importante, quiero confesarte algo: No creo que seas perfecto y pese a eso, estoy aquí, a tu lado.

Quiero que al mirarnos desaparezcan los problemas. Si, quiero que cada día sea diferente al anterior, y que sigas con tus manías de verme dormir o  jugar con mi pelo para acabar acariciando mi espalda. Quiero poder ser tal como soy sin miedo a que eso te desilusione lo mas mínimo. reírme cada mañana contigo y sufrir el calor de este verano. Quiero notar tu piel húmeda después de una larga ducha. Quiero seguir sintiendo como te preocupas por mi aún cuando no te lo permito. Quiero mil aventuras contigo. Quiero dejar de llorar de rabia y empezar a disfrutar de mi vida contigo. Y si, en todos mis planes cuento contigo. Quiero poder luchar contigo y no contra ti. Quiero que confíes en mi, como yo confío en ti. Quiero que dejes esa estúpida manía de defender el territorio, porque cariño, pese a todo, no te cambiaría por nada del mundo. Me encanta cuando tus labios rozan mi cuello, cuando duermes toda la noche abrazado a mi y puedo notar tu respiración en mi espalda. Me encanta esa sonrisa de niño que muy pocas veces dejas ver y esos ojos, que me lo dicen todo cuando se encuentran con los míos. Odio, odio discutir por cada mínimo detalle que hay en nuestra vida, odio no poder estar bien contigo y perdernos momentos inolvidables porque nuestro orgullo pesa más que lo que sentimos. Odio que tengas miedo de lo que sientes y decidas huir y volver cuando te arrepientes.

Cariño, no tengas miedo del futuro, lo nuestro durará lo que tenga que durar, pero lo que estoy segura es que será lo más intenso que jamás hemos vivido.

Tiempo.

Sí me regalases un poco de tiempo, te llevaría a mi lugaCaptura de pantalla 2017-04-12 a las 13.25.02r favorito, para que notes la brisa del mar, llenando tu alma de paz, esa que pocas veces sentimos.

Si me regalases un poco de tiempo, me perdería en cada una de tus cicatrices hasta encontrar la cura para cada una de tus heridas.

Si me regalases un poco más de tiempo, te llamaría para recordarte cómo de importante eres aunque seguramente tu estancia en mi vida sea pasajera, y aun así seguiría queriendo agradecerte cada uno de los momentos en los que fuimos uno.

Si me regalases una milésima de segundo, te susurraría un “Gracias por ser”, porque aunque te lo imaginas, necesito que sepas lo importante que eres.

Si aún quisieras regalarme más tiempo, me arriesgaría a decirte todo lo que jamás dije por temor a lo desconocido o por miedo a perder el control.

Si después de todo esto, me regalases más tiempo,  lo invertiría en nosotros.

Inspírame cada día.

Haz que mis fantasmas se queden el pasado. Haz que este puto mundo sea más bonito desde tu cama. Haz que mis problemas no sean eternos, que sean pasajeros. Haz que los días negros sean grises con una sonrisa y que las noches no sean oscuras, si no llenas de momentos irrepetibles. Hazme cantar Pereza a todo volumen. Hazme pensar. Haz que no quiera buscar otros besos que no sean los tuyos. Hazme polvo cada mañana en tu cama. Hazme bailar. Hazme vivir. Haz por verme sonreír. Hazme llorar pero de felicidad. Hazme tuya. Hazme eterna.

Día 239: Taconea.

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Tengo una vida y no tengo tiempo para lamentos. Antes de morir quiero que mi lista de arrepentimientos sea menor que la de momentos vividos. Quiero decir “Sí” todas las veces que necesito, y que mi “No” sea una respuesta para otro lugar. Quiero cruzar ese semáforo en rojo, reírme en una azotea, y ver un amanecer en Madrid como nunca antes. Quiero poder caminar sin miedo al fallo ni a la caída. Disfrutar la vida, porque solo tengo una, y siento que la estoy desperdiciando. Quiero que tocar el cielo con la punta de los dedos no sea una metáfora del buen sexo, quiero poder querer sin miedo al daño de la última vez. Caminar aunque el destino este escrito, aunque sepas que las personas normalmente suelen ser un asco.

Y aún así, con todo esto, me sigo preguntando por qué sigo intentando que escogerte no signifique renunciar a mi.

Día 225: Mi salida de emergencia.

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Tal vez lo que quieres y lo que necesitas no está en el mismo lugar. Tal vez quién crees que es tu red de seguridad, es quien en el fondo te crea más de una inseguridad. Durante el camino se presentarán más de una dificultad, pero a veces sólo tienes que elegir con quien quieres enfrentarte a ellas. Todo se simplifica en dos palabras: Elegir y saltar.

Y contigo salto, salto aún cuando se que el destino está escrito, que el golpe al principio no dolerá porque estarás tu para curar las heridas, para arañarme el alma en un suspiro. Sé que eres el paso prohibido, y yo el ceda el paso. El semáforo en rojo que estoy dispuesta a saltarme. Lo cierto es que para poder escribir historias, grandes historias, primero hay que vivirlas, y yo, quiero vivirte.

 

Día 137: Fuiste mi terremoto interno.

2016-05-15 22.13.21De un modo u otro, el dolor pasará, de todas las frases que escuchamos, esta es la que menos me consuela.  Toda herida tiene un final, o lo superas o no, eso me repito día tras día. Te voy a superar, me vas a superar, grita mi interior.

A veces lo consigues pero a un precio demasiado alto, pierdes amigos, pierdes confianza, te pierdes en un laberinto en el que no encuentras tu salida. Si tu salida, lloras de impotencia, te preguntas ¿Por que a mi?¿Por que justo cuando comenzaba a volar?

Y decides vivir con eso, entre pregunta y pregunta, entre el caos que causa la herida, porque al final haces lo que sea necesario para seguir adelante.

Y a veces, solo a veces, consigues soltar una carcajada sincera, una lagrima pero de felicidad, y a veces logras que el dolor cese, aunque sea de manera momentánea, pero hay experiencias que te dejan marcada. Hay personas que te dejan una herida que no consigue cicatrizar, y por mucho que intentes avanzar, sigue sin ser suficiente.